miércoles, 10 de noviembre de 2010

Los descasamientos

Fragmento de la novela "Yo recuerdo" del Maestro DeRose.
Nuestro pueblo festejaba los casamientos y los descasamientos. No había motivo para tristezas cuando terminaba un matrimonio. Teníamos bien incorporada la noción de que la persona que compartió con nosotros nuestra casa y nuestro lecho, una vez separada, se volvía nuestra hermana.
Si no había más interés en proseguir juntos por incompatibilidad de genios o cualquier otra razón, ambos procuraban comprender al otro y deshacían los lazos conyugales. Pero como eso no representaría una ruptura ni un alejamiento mayor, no era causa de ningún trauma, ni de tristeza, ni de agresividad.
Para dar satisfacción a los amigos y consanguíneos, se organizaba otro tipo de fiesta, cuyo objetivo mayor era el de abrazar largamente a cada uno de los que se separaban, para que sintiese que no estaba solo y que toda la comunidad estaba allí para ampararlo y para llenar sus momentos de soledad. Era común que los amigos de ambos sexos se turnasen para hacer compañía y dormir con cada uno de los descasados en los meses que seguían a la separación.
No habiendo sentimiento de posesividad y con la posibilidad de que el ex-marido continuase residiendo en las proximidades de la ex-mujer e hijos, las separaciones conyugales causaban muy poco desgaste. El hecho de que el poder económico estuviese centralizado en la mujer también facilitaba las cosas, pues no había reparto de patrimonio. Pertenecían al hombre sus herramientas, armas y ropas. Lo restante era de la mujer.